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Photo: Adam Colton
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En SUP por el Danubio

By Adam Colton   |   Feb 19, 2019 February 19, 2019

Si me preguntaras qué hice en el río Danubio durante mi travesía en solitario, remando por 21 días desde Ingolstadt, Alemania a Belgrado, en Serbia, mi respuesta es sencilla. Combatí el crimen, derroté a maleantes en Ianchas con metralletas, casi morí un par de veces en las fauces de monstruos de río y olas de 6 metros… oh sí, te lo digo, fue igual que en las películas. Pero cuando toda esta acción descabellada se calma, se trata solo de un simple paseo por el río. Comes, duermes, haces caca como un campeón y remas.

Cuando comencé en el Danubio estaba lleno de esa excitante energía nerviosa. Todo es tan fascinante y nuevo que estás constantemente tomando fotos y video. “Oh mira, es agua, filmémosla”. Estás demasiado excitado, demasiado limpio y el equipo es demasiado nuevo, te ves como un pequeño modelo por el río. Recuerdo que se sentía muy lento al principio. Como “vaya, eso es demasiado lento, va a tomar un buen tiempo”. Me moví lento a través de todo tipo de climas. Lluvia, sol abrazador, días nublados, con viento en contra, con viento de cola: Podía sentir mis emociones cambiando con cada cambio del clima. Disfruté mucho los días de lluvia y los nublados. El aire frío me daba energía. Sin embargo, después de muchos días seguidos con nubes, sentía que me hacía falta la alegría del sol y su habilidad de levantarme el ánimo.

Dudé al quinto día. La pregunta, “¿por qué estoy haciendo esto?” se arrastró dentro de mí. Esta es una fase normal en los viajes de larga distancia, la fase dubitativa. Luego, más sucio, consumido y cansado, me sumí del todo en el viaje. Cada día descubrí cómo organizar mi equipo más eficientemente, cómo amarrarlo mejor a la tabla, cómo mejorar mi técnica de remado, qué cosas llevar a mi carpa y cómo construir las actividades de cada día. Eventualmente, todo se hacía más fácil y el tiempo fluía naturalmente. Ya no era un viajero sobreexcitado, era una sucia rata de río que cada día estaba más emocionado con su progreso, cada día mejor en lo que estaba haciendo.

Photo: Adam Colton

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En el río notas muchas cosas porque te mueves tan atrozmente lento, a veces tan lento que te vuelve loco. En ocasiones me encontraba al lado de una ciclovía y comparaba mi velocidad con las personas en tierra, entonces se volvía un poco desmoralizante cada vez que me rebasaba un anciano cojeando. Los vientos de proa, qué puedo decir, siempre suceden. Solo te queda cantar una canción, bajar la cabeza y superarlos.

Fue divertido ponerle atención a los cambios en la vida silvestre, los árboles y las corriente mientras recorría diferentes países. No hubo ninguna bienvenida cursi a Austria, solo entras deambulando como Pedro por su casa. Especialmente los pájaros te van a hacer notar cuando estás en un país nuevo. Es como si en el momento justo se pusieran de y cambiaran de canción. Cada país tuvo cantos y silbidos de pájaros que fueron únicos y que disfruté. Nunca corrí peligro por monstruos o peces come humanos. Sí me asusté un par de veces por los castores. Ellos nadan a lo largo del Danubio como gangsters italianos, haciendo un sonido característico al caer al agua cuando te acercas demasiado. Los castores son intimidantes. No querría tener problemas con uno.

Hubo dos noches en las que me desperté un poco asustado por la vida silvestre. Una de ellas, escuchando a través de mi cobertor para la lluvia, sentí gemidos y ramas quebrándose y me puse a pensar que algo iba a caer sobre mi carpa. “La carpa resiste un árbol que se cae, ¿verdad?”. Estoy seguro de que fueron castores royendo madera o un payaso que tropezó en el follaje con sus enormes zapatos tratando de ubicarme. Otra noche me desperté con la respiración pesada y el bufido de un jabalí. Yo diría que era uno bien grande. Probablemente tenía colmillos afilados como navajas. Todo lo que se es que cuando miré afuera de mi carpa, mi fuerte de nylon, este cerdo era más grande de lo que me hubiera gustado, estaba más cerca de lo que hubiera querido y tenía un cooler lleno de comida. Imaginé que este jabalí salvaje cargaba contra mi carpa a toda velocidad, embistiéndome para llegar a mi comida. Salí de la carpa y tomé mi tabla, solo por si se acercaba más. Buena cosa que tenía cierta experiencia con juegos donde había que estar listo para la acción. Estaba preparado. Me mantuve alerta esa noche pero nada sucedió.

Photo: Adam Colton

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Así es dormir en estos viajes. No importa si es patinar largas distancias o hacer SUP río abajo, siempre termino durmiendo realmente mal. Con el viento soplando o los mosquitos van zumbando en tus oídos toda la noche. De todos modos, te levantas al día siguiente para hacer algunas de las actividades más agotadoras físicamente que he experimentado, y lo vas a lograr. Supongo que esto demuestra lo notable que es el cuerpo humano y cómo se pone a tono con la ocasión si lo empujas un poco.

Estoy tan feliz de haber hecho este viaje y haberlo terminado. Siempre es satisfactorio cuando tienes una idea y la haces realidad. Estaba genuinamente desilusionado cuando terminó. Si hubiera tenido solo 16 días más (más o menos), podría haber llegado al final del río. Es gracioso como, al final del viaje, imaginar 16 días más en el agua se sentía sencillo, entretenido, como si fuera poca cosa. Realmente disfruté este proceso transformador, desde estar desanimado después de un par de días hasta amarlo y disfrutarlo. Tal vez el próximo año vuelva al Danubio, a remar a través de Serbia, Bulgaria, Rumania y llegar hasta el Mar Negro.

Esta historia apareció originalmente en whoisadamcolton.com.

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