Crónicas del Salmón II

Martina Sasso  /  Lectura de 5 Minutos  /  Activism, Culture, Food

El triunfo de una comunidad sobre una industria y la intención de contagiar al mundo entero.

Una imagen que dio la vuelta al mundo. Kayakistas de Argentina y Chile, unidos, exigen la prohibición de la salmonicultura en el Canal Beagle. Tierra del Fuego, Argentina. Foto: Lionel Machado

Era una imagen inédita: Los quince legisladores que conforman el poder legislativo de la provincia de Tierra del Fuego se habían retirado del recinto en plena sesión, dejando sus escaños vacíos. Una vez afuera y con el canal Beagle de fondo, se ubicaron codo a codo, sosteniendo una misma bandera que decía: “No a la salmonicultura en el Canal Beagle”. Esta imagen luego se transformó en la foto que dio la vuelta al mundo.

Ese día, la legislatura había aprobado de manera unánime la ley que prohíbe el cultivo intensivo de salmones en las aguas de Tierra del Fuego. Sin lugar a dudas, un hecho sin precedentes en el mundo. Los titulares rezaban: “Argentina es el primer país del mundo en prohibir la salmonicultura intensiva en el mar”. Cabe aclarar que Tierra del Fuego es la única provincia en nuestro país donde, por las características geográficas de sus costas, es posible instalar granjas intensivas de cultivo. Prohibiendo esta actividad en las aguas de la provincia se creó una limitación tácita a la salmonicultura intensiva en nuestro país, un giro que la industria no se esperaba.

Crónicas del Salmón II

Las prístinas aguas del Canal Beagle eran el único lugar viable para la salmonicultura en Argentina. Con la protección que ahora le otorga la ley, el país ha logrado una victoria inédita para el ambiente. Tierra del Fuego, Argentina. Foto: Lionel Machado

Luego transcurrieron semanas de tensión. En Tierra del Fuego, el gobernador tiene la facultad de vetar la ley o alguno de sus artículos antes de que sea publicada en el boletín oficial. Teníamos que atravesar esas dos semanas sabiendo que esto iba a generar presiones de todo tipo y así fue. Lo más sorprendente fue que la presión más grande provino de otras industrias ya establecidas. Simplemente esto generaba un antecedente indeseable: La limitación a una industria por sus impactos en la economía local y el ambiente.

Gracias al poder colectivo del activismo, logramos sostener durante las siguientes dos semanas la atención mundial sobre este tema. Necesitábamos que el sentimiento de orgullo por haber tomado una iniciativa de este tipo superara la necesidad de satisfacer viejas escuelas de pensamiento, lideradas por personajes que sostienen el mismo modelo capitalista que llevó a la Argentina a tener a la mitad de su población sumida en la pobreza. El 30 de junio se promulgó la ley sin una sola modificación.

Además, el pasado 11 de agosto, Argentina emitió una resolución que  prohíbe el funcionamiento de pisciculturas de salmónidos y de acuicultura comercial, en todos los Parques Nacionales del país. De esta manera, seguimos apostando a proteger los ecosistemas costeros de ríos, lagos y el mar.

Luego de estos cuatro años haciendo activismo puedo decir que esta no fue una batalla ambiental. Quienes creen que esto fue una batalla ambiental están minimizando al adversario. Esta fue una batalla ideológica, económica, social y ambiental. Todos los frentes fueron activados para lograr este resultado y para ello hubo que activar desde distintos sectores sociales. Tampoco los héroes y heroínas son activistas o ambientalistas únicamente, son también aquellos actores políticos que supieron llevar esta bandera y son cada chileno que nos apoyó desde el principio.

Una de las claves para desactivar esta industria tuvo que ver con el resultado de un estudio económico que llevamos a cabo en 2019, donde se demostró que los puestos de trabajo generados por el turismo superaban ampliamente los puestos de trabajo generados por la industria de la salmonicultura y que, además, ésta última pondría en jaque la mayoría de los empleos generados por el turismo.

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Cierra los ojos y reemplaza a los kayakistas por jaulas salmoneras… está mucho mejor así, ¿no? Tierra del Fuego, Argentina. Foto: Lionel Machado

Otro gran hito fue el evento organizado en conjunto con Patagonia, donde un cocinero de reconocimiento mundial como es Francis Mallmann cocinó para el pueblo fueguino, llevando el mensaje “No a las salmoneras”, una petición a la que también se sumaba la voluntad de otros cocineros como Narda Lepes, Christophe Krywonis, Germán Martitegui, Mauro Colaggrecco y Lino Adillon y más.

Finalmente, lo que tocó los corazones de muchos argentinos y chilenos fue un evento único, donde kayakistas de ambos países se reunieron en la línea que divide ambas naciones, en las aguas del canal Beagle, para apoyar al proyecto de Ley que buscaba prohibir la industria. Dos pueblos divididos por antiguas rivalidades se unían en pos de un mismo objetivo, una imagen que sensibilizó a los tomadores de decisión.

Esta experiencia me llevó a pensar que tenemos que proyectar un activismo distinto y complementarlo con estrategias individuales. El activismo, para mí, no es solo sinónimo de marchas masivas ni actos heroicos o extremos—aunque son necesarios—sino que también se trata de estrategias silenciosas, de vincularse con el sentir. Es necesario dejar de lado nuestros logos y egos y hacer espacio para que nuestras acciones enaltezcan a otros. También aprendí a no pretender que todos formemos parte del mismo espacio, ¡ni siquiera es estratégico agruparnos en un gran clúster! Es importante no perder la individualidad dentro de las luchas colectivas, y el mejor ejemplo es Lino Adillón, cocinero de Tierra del Fuego, que durante 4 años militó en contra de la salmonicultura desde lo culinario y fue uno de los grandes responsables de este logro. En la unión y la diversidad está la fuerza.

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Juntos somos más fuertes. La icónica protesta en el Canal Beagle fue realizada por kayakistas chilenos y argentinos. Tierra del Fuego, Argentina. Foto: Lionel Machado

Fue tal el impacto que generó nuestra victoria ambiental, que hoy día existen países en otros continentes que buscan imitar nuestra legislación pionera. Mientras en la Argentina parecemos ir en la dirección correcta luego de esta batalla ganada, seguimos trabajando para contagiar este espíritu en otros países. Creemos que cuando se trata de la naturaleza no nos dividen las fronteras, es nuestro llamado como especie unirnos y proteger nuestro entorno, cuidar la salud y honrar a nuestro ecosistema. Por eso vamos a seguir alzando la voz, porque unidos, sin perder el trabajo y la constancia individual, podemos frenar esta industria estemos donde estemos y hacerle, de una vez por todas, un poco de bien a este mundo lastimado.

Lee sobre cómo se gestó esta victoria épica en Crónicas del Salmón.

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