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Haciendo el trabajo

Josh Wharton  /  marzo 8, 2023  /  Lectura de 5 Minutos  /  Climbing, Activism

Sin conectar totalmente con algunas formas de activismo climático, Josh Wharton encontró su propia forma de contribuir.

Josh Wharton sostiene un corderito en SkyPilot Farm, Longmont, Colorado. Foto: James Lucas

Desde un gran corral, jutno a Craig Scariot conducimos un rebaño de obstinados corderos recién nacidos hacia una rampa de clasificación. Cuidadosamente levanto a cada cordero y lo envuelvo en un abrazo de oso, pero por lo general lo que recibo a cambio es una lanuda resistencia. Rápidamente me doy cuenta de que poner todo mi peso —y mi cara— sobre la embarrada lana de los corderos es la mejor forma de hacerlo. La mayoría todavía trata de liberarse, pero eventualmente cada cordero se calma y se queda quieto. En este punto es cuando Craig hábilmente inyecta una solución antiparasitaria en sus bocas, medicamento necesario para mantener la salud de los animales y evitar la introducción de parásitos en el ganado existente. Repetimos este proceso para cada cordero y cuando finalmente abrimos el corral metálico y enviamos a los corderos a pastar, estoy exhausto. Conduzco a casa, he terminado mi trabajo voluntario del día. Craig se queda con más tareas que hacer y más animales que atender. Realmente, el trabajo en una granja pequeña nunca termina y Craig no ha tomado vacaciones en tres años.

Haciendo el trabajo

Las ovejas pastan entre los paneles solares ubicados en Front Range, Colorado. Foto: Craig Scariot

La vida como pequeño agricultor es dura y está llena de interminables trabajos físicamente exigentes y muy difíciles. Los que lo hacen, tienen que amarlo. Hace algunos años Craig dejó una lucrativa carrera en administración de capitales para iniciar SkyPilot Farm en Longmont, Colorado, junto a su socia Chloe Johnson. Conocí a Craig a través de amigos en común en el mundo de la escalada y su decisión me inspiró e impresionó. Estaba siguiendo su pasión, sin priorizar el dinero o la seguridad. Como escalador a tiempo completo, me identifico eso. Pero cuando Craig y Chloe comenzaron SkyPilot , fue por algo más que su felicidad personal. La pequeña granja en ruinas que compraron venía con tierra dura, seca e infinitos proyectos por delante. Además está ubicada a poca distancia del bullicioso centro de Boulder y la expansión urbana que penetra en todos los rincones del Front Range de Colorado. Sin embargo, Craig y Chloe pudieron salvar 17 hectáreas del desarrollo comercial. También comenzaron a practicar el pastoreo regenerativo y crearon un programa para la participación y educación de la comunidad. Los insectos y los pájaros regresaron a sus campos y las ranas comenzaron a croar en el arroyo una vez más.

Haciendo el trabajo

Aprendiendo cómo se hace. Foto: James Lucas

A través de acuerdos con otros propietarios con foco en la gestión regenerativa de la tierra, SkyPilot ahora está pastando en más de 280 hectáreas. Más personas de Boulder y sus alrededores se están tomando el tiempo para obtener su carne de cordero, cerdo y sus huevos de un lugar en el que pueden confiar, y las ventas se han duplicado o triplicado cada año desde los inicios de la granja. SkyPilot incluso está ayudando a controlar la vegetación al hacer que sus ovejas pasten en áreas que albergan paneles solares, lo que elimina la necesidad de cortar el césped (lo que es intenso en la emisión carbono).

Haciendo el trabajo

Siempre hay más trabajo por hacer. Josh Wharton pone de su parte para ayudar con algunas tareas agrícolas. Foto: James Lucas

Hace tres años, Yvon Chouinard cambió la declaración de la misión de Patagonia y pidió a todos quienes estamos asociados con la empresa que intensifiquemos nuestros esfuerzos para enfrentar la crisis climática. Me debatí pensando en algo que se sintiera bien. Quería contribuir pero no sabía muy bien cómo. Subir a un avión que emite carbono para asistir a una marcha climática no me parecía correcto. Publicar mis puntos de vista en Instagram parecía problemático, especialmente cuando las investigaciones sugieren que las redes sociales tienden a profundizar las opiniones arraigadas en cada uno en lugar de cambiarlas. Lo anterior no quiere decir que estas cosas no puedan valer la pena y, de hecho, algunos estudios recientes muestran que cuando cerca del 25 por ciento de un grupo adopta una posición sobre un tema, es altamente probable que ocurra un cambio.

Haciendo el trabajo

Pastando bajo la luz del crepúsculo. Foto: James Lucas

Lo que quería hacer era algo que requiriera cierto nivel de sacrificio personal de manera constante. Quería que mi contribución fuera incómoda, que me doliera un poco, así como mis acciones, elecciones y participación en nuestra sociedad dañan un poco al planeta todos los días. Cuando finalmente pensé en ayudar a Craig y Chloe, la idea me pareció correcta al instante. Mover cercas, recolectar huevos, palear caca de los gallineros y desparasitar a los corderos no son exactamente actividades para un “día de descanso”, pero sabía que hacían un bien, si bien pequeño, medible.

Al observar ampliamente las alarmantes estadísticas asociadas a la crisis climática, es fácil desilusionarse y volverse cínico o querer darse por vencido y alegar que solo un cambio político sistémico podría hacer la diferencia. Por cierto que el mundo es cada vez más global y cada uno de nosotros es un solo individuo entre miles de millones. Pero nuestras vidas aún se mueven y moldean, en gran medida, por nuestros círculos inmediatos. Si nos rendimos ante la cínica idea de que nuestras acciones individuales no significan nada o ponemos toda nuestra energía en una única solución, lenta y de gran escala, corremos el riesgo de perder la alegría, la inspiración y quedar destinados a la inacción. Al menos así es como yo lo siento. Aquellas cosas que vemos, hacemos y que están justo frente a nosotros, como el trabajo de Craig y Chloe en la granja, nos dan esperanza, empoderamiento y, en última instancia, podrían inspirar a nuestros amigos y vecinos. A su vez, eso puede inspirar lentamente un cambio en la cultura, hasta que todos seamos colectivamente responsables como buenos defensores de nuestro planeta.

En el último año he pasado más de 20 días en la granja. El trabajo nunca es fácil y viene con nada más que un simple “gracias” —además de una ocasional caja de huevos— pero de alguna manera se siente bien. La silenciosa acción de presentarse y simplemente ayudar se siente concreta y genuina, nunca performativa. Apenas he rasguñado la superficie de lo que hay que aprender, pero una cosa que estoy descubriendo es que las granjas pequeñas, como SkyPilot, se sienten como un puente importante entre dónde estamos y dónde debemos estar en última instancia: un bucle hacia atrás para avanzar.

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