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Más Corales. Más Peces.

Yessenia Funes  /  Lectura de 8 Minutos  /  Activism

El santuario marino del Golfo de México es uno de los muchos hotspots de biodiversidad en los Estados Unidos que necesitan más protección federal.

Una plataforma de gas fuera de funcionamiento al interior del Santuario Marino Nacional Flower Garden Banks, frente a la costa de Texas.

Todas las fotos por Jesse Cancelmo

Antes de que la plataforma continental del Golfo de México caiga hacia profundidades de hasta 2000 metros, una mantarraya se desliza sobre corales de estrías amarillas cuyos patrones recuerdan a los de nuestro cerebro. Este caleidoscópico ecosistema, ubicado a unos 160 kilómetros de la costa de Galveston, Texas, es un verdadero estallido de colores gracias a sus más de 20 especies de corales. Aquí, en el Santuario Marino Nacional de Flower Garden Banks, las esponjas en tonos neón de naranja y azul adornan las rocas bajo las que puede estar escondida una morena verde. Camarones, cangrejos y estrellas de mar comparten el espacio en una actitud relajada, iluminando la escena.

Flower Garden Banks de convirtió en el decimo santuario marino nacional en 1992, 13 años después de que sus defensores lo nominaran por primera vez. Los bajos son una meca de la vida salvaje, dice Jessica Bibza, especialista senior en políticas de vida salvaje de la National Wildlife Federation. Es por eso que en enero 2021 la National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA) triplicó el área de protección del santuario de 145 a 414 kilómetros cuadrados.

Sin embargo, los ecosistemas y hábitats a lo largo del Golfo necesitan aún más protección federal. La región está bajo amenaza. Por una parte está el cambio climático y todo lo que conlleva: aumento en la temperatura de los océanos, acidificación del océano y fenómenos climáticos extremos. Y luego está la industria de los combustibles fósiles. Diecisiete por ciento de la producción de crudo en los Estados Unidos viene del Golfo. Las economías locales que se basan en los frutos del mar dependen de la salud del Golfo para sustentar cientos de miles de puestos de trabajo. Esta expansión de Flower Garden Banks suma un resguardo adicional, pero el Golfo de México necesita más esfuerzos de conservación para sobrevivir.

Más Corales. Más Peces.

Un mero de roca en Stetson Bank, uno de los 17 arrecifes y bancos del santuario que se extiende desde Texas a Luisiana.

Más Corales. Más Peces.

Cientos de diminutos camarones rojos nocturnos son un avistamiento frecuente durante las inmersiones nocturnas en Flower Garden Banks.

Más Corales. Más Peces.

Un cardumen de peces criollos flota sobre una inmensa formación de coral Madracis en Stetson Bank.

El biólogo marino, Larry McKinney exploró por primera vez los arrecifes de coral en su época de estudiante en los años 70 y, desde entonces, le ha dedicado gran parte de su carrera a estudiar y proteger el Golfo de México, sirviendo en el consejo asesor del santuario por más de una década. A los 23 años, McKinney hacía viajes nocturnos que duraban seis a ocho horas hacia cada uno de los arrecifes en un crucero de investigación universitario. “Aún desde la superficie podías ver todos los colores”, cuenta McKinney. “Pude realmente comprender de dónde venía el nombre de ‘Flower Garden’ (jardín de flores)”. Se ponía las aletas y el snorkel para ir a observar de cerca. Recuerda estar en el agua, tratando de mirar hacia todas partes y al mismo tiempo para poder absorber todo lo que había a la vista. Miles de pequeños puntos de colores nadaban en su dirección: peces criollos color naranja, brillantes lábridos de cabeza azul y varias damiselas. “Nunca había visto nada como eso”, afirma.

Flower Garden Banks es el único santuario marino en el área, de los 15 que hay alrededor de los Estados Unidos, y solo una pieza del gran sistema de arrecifes del Golfo, que incluye cerca de 200 bancos que se elevan hasta 15 metros por sobre la superficie, de acuerdo a McKinney. Al noreste del santuario está el Cañón DeSoto, donde a la recientemente descubierta ballena de Rice le gusta nadar. Esta ballena barbada de 30 toneladas y 12 metros de largo es una de las especies de ballena más amenazadas del mundo: quedan menos de 100 ejemplares.

En 2016 NOAA propuso incrementar la designación del santuario a casi 1036 kilómetros cuadrados, pero representantes de las industrias del petróleo y el gas argumentaron durante el período de consulta pública que expandirlo a ese tamaño impactaría negativamente la exploración energética en aguas abiertas. Esos arrecifes hoy siguen siendo vulnerables a la contaminación de esos invasores. Desde 1942, cerca de 6.000 estructuras para la explotación de gas y petróleo fueron instaladas en el Golfo de México y más de 3.200 de ellas siguen activas hoy en día. La amenaza de un derrame o una fuga está siempre presente.

Más Corales. Más Peces.

Un tiburón martillo cerca de la depresión norte del Stetson Bank.

Más Corales. Más Peces.

La morena de cola dorada, una de las siete especies de morenas que se encuentran en Stetson Bank.

“Lo que hemos protegido en Flower Gardens es solo una pequeña parte”, afirma McKinney.

Expandir el área protegida permite mantener los intereses del gas y el petróleo fuera de sus límites y prohíbe que los barcos boten sus pesadas anclas. Además, cualquiera que visite Flower Garden Banks tiene prohibido perturbar o mover a los mamíferos marinos o las tortugas de sus hogares. Los pescadores aún son bienvenidos—siempre y cuando usen anzuelos y líneas que se atengan a las regulaciones federales (¡no se permite la caza submarina!). De hecho, los pescadores se unieron al consejo asesor de Flower Garden Banks para defender la expansión del santuario: dos del lado recreacional y dos del lado comercial. Ellos comprenden el valor económico de los corales: Cerca de 500 millones de personas alrededor del mundo dependen de su subsistencia.

“Más corales, es igual a más peces”, dice Scott Hickman, el actual director del consejo y capitán de navío que acostumbra a visitar los bajos un par de veces al mes durante el verano. “¿Te gusta atrapar peces?, ¿te gusta comer pescado? Cuida los corales. Cuida los arrecifes. Ambos vienen de la mano”.

La primera vez que vio los bajos, a mediados de los 80, Hickman quedó impresionado con la proximidad de la actividad petrolera. “Es loquísimo que estas dos cosas coexistan en este lugar”, recuerda haber pensado. No fue sino hasta 2010 que Hickman comenzó a enfocarse en la conservación de los corales. Se dio cuenta de cuán delicada era esa coexistencia después de que ese mismo año se derramaran los 4 millones de barriles de petróleo de Deepwater Horizon, propiedad de BP, en el Golfo. Hickman tuvo la poco usual oportunidad de sobrevolarlo en una pequeña avioneta. La realidad se sintió como un golpe: “Guau, esto podría cambiar mi estilo de vida por completo, la forma en que me gano la vida, la forma en que mis hijos algún día podrían disfrutar del océano”, recuerda haber pensado mientras miraba esa sustancia negra y pegajosa capturando al océano.

Y aún así, para él los derrames de petróleo no son la mayor amenaza para los corales. Es el cambio climático.

Todos los gases de efecto invernadero que esa misma industria emite tras extraer, refinar y vender los hidrocarburos que saca del Golfo están calentando el planeta. Las aguas con mayor temperatura han estado causando eventos de blanqueamientos masivos, en los que los corales expelen las algas de las que dependen para producir su comida y mueren. Algo así como el 33 por ciento de los corales que construyen los arrecifes están en riesgo de elevar sus temperaturas. Perderlos a consecuencia del cambio climático le costaría a los Estados Unidos 3.4 mil millones de dólares en utilidades anuales.

Más Corales. Más Peces.

Un biólogo marino estudia la salud de los corales en East Flower Garden Bank.

Los impactos ya se hacen evidentes en Flower Garden Banks. Después del Huracán Harvey en 2017—que los científicos han confirmado que estuvo recargado por el cambio climático—McKinney notó que los arrecifes estaban blanqueados. Fue la primera vez que los vio de ese blanco fantasmal. La tormenta sin precedentes dejó caer un estimado de 56 billones de litros de agua fresca sobre el este de Texas. Toda el agua fresca de la lluvia más la contaminación de las aguas servidas y la basura escurrieron al océano donde sofocaron y contaminaron a los corales. Un estudio publicado en abril de 2021 confirmó esta relación, que fue inesperada debido a la lejanía de los arrecifes en relación a la costa.

“Estos son signos de alerta”, dice G.P. Schmahl, el superintendente del santuario en NOAA.

Se nos está advirtiendo lo que vendrá si es que nuestros líderes siguen ignorando la gravedad de la crisis climática y la vulnerabilidad de los hábitats marinos. “No podemos controlarlo (el cambio climático) desde el punto de vista de un área protegida”, dice Schmahl. “Ese es un problema mucho más grande con el que tenemos que lidiar como civilización, pero podemos controlar ciertos impactos directos”.

Ese es el valor de estos santuarios marinos. Ellos mantienen los ecosistemas protegidos de las industrias. Es por eso que necesitamos más acción. Parte del plan climático del presidente Joe Biden incluye proteger el 30 por ciento de las tierras y aguas al 2030 para conservar la vida silvestre y los sumideros de carbono, pero los detalles aún no están claros. Un reporte de 24 páginas publicado en mayo describe que la silvicultura y el pastoreo se considerarán como conservación. “Es clave que la administración Biden sea estratégica respecto de done caen estas protecciones”, indica Mary Conley, directora de conservación marina para el sudeste en The Nature Conservancy. Casi todas las aguas protegidas en los Estados Unidos están situadas en el Pacífico, pero otras áreas (como el Golfo), merecen designaciones especiales también.

“Necesitamos pensar en la representación”, dice Conley. “No queremos que todas las áreas sean arrecifes de coral. Queremos una combinación de arrecifes de coral, hábitats de estuario relevantes, praderas marinas, arrecifes de ostras, hábitats de arena importantes”.

Y tiene razón. Todo está conectado. Basta visitar Flower Garden Banks cerca de agosto para poder ver el desove anual de los corales y la “tormenta de nieve” submarina donde los corales liberan miles de huevos. Los depredadores nocturnos—desde una estrella quebradiza color rojo rubí a un tiburón ballena—se comen tantos gametos como pueden. Muchos huevos de coral logran mecerse y flotar a la lejanía. Tal vez pasen bajo una tubería de gas, como la que provocó un incendio sobre el océano en julio de 2021. Seguirán flotando hasta aferrarse en alguna parte del Golfo de México, ojalá para iniciar una nueva colonia.

El Golfo es un lugar que permite prever plataformas petrolíferas y de gas—así como también fantásticas maravillas ecológicas. Ambas podrán coexistir solo hasta que una prevalezca sobre la otra.

Resolución 30 por 30 para Proteger la Naturaleza

Un ambicioso plan podría proteger a los humanos y la vida silvestre de lo peor del cambio climático. Únete a la aventura de resguardar el 30 por ciento de las tierras y aguas del planeta para 2030.

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