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Una tontería ultraligera

Will Cadham  /  agosto 17, 2022  /  Lectura de 10 Minutos  /  Mountain Biking

Un optimismo delirante y una inmersión alpina en las South Chilcotin Mountains de British Columbia.

Es todo cuesta abajo desde aquí. Después de seis largos días en las South Chilcotin Mountains, comenzamos nuestro descenso final de regreso a la camioneta con nuestras mentes sumidas en pensamientos de ropa seca y cervezas frías. Primero, sin embargo, tuvimos que navegar por secciones de esquisto muy suelto y afilado sin cortar un neumático.

Todas las fotos por David Kenworthy. Todas las leyendas por Will Cadham.

Eran casi las 7 p.m. cuando finalmente alcanzamos el terreno alpino del lado suroeste de Battlement Ridge, en el ascenso hacia Iron Pass. La subida final fue brutalmente empinada y estuvo plagada de árboles caídos y senderos erosionados por el agua, lo que nos obligó a empujar nuestras bicicletas mientras trepábamos por unos obstáculos que parecían ser constantes. Aparte de los gritos siempre nerviosos de “¡Oigan, osos!” nuestro grupo apenas había hablado durante las últimas horas.

Después de todo, estábamos en el territorio de los grizzly.

A medida que emergíamos de la línea de los árboles, la extensa área alpina que entrega su fama a South Chilcotin Mountains, en la Columbia Británica, se extendía ante nosotros, con sus imponentes cumbres teñidas de naranja intenso, púrpuras rojizos y franjas de azul grisáceo. Nuestras voces estaban roncas tras un día de gritos y falta de agua, la que se nos había acabado varias horas antes ya que cada arroyo por el que pasamos contenía suficientes sedimentos como para ahogar nuestro filtro de agua.

Pero no fue la sed, ni la vida silvestre, ni el cansancio lo que mantuvo nuestro silencio retraído, cada vez más tenso con cada paso que dábamos. Fue la comprensión colectiva de que el sol estaba a punto de ponerse, ya habíamos recorrido 29 kilómetros y todavía estábamos a 32 del campamento.

Iba a ser un viaje largo y frío a casa.

Una tontería ultraligera

South Chilcotin Mountains es el hogar de más de 220 osos grizzly y los avistamientos son comunes en las áreas más remotas del parque. Afortunadamente, las impresionantes vistas desde Elbow Pass, donde los lugareños nos dijeron que está una de las poblaciones de osos más densas del parque, son una buena distracción. Ciclistas: Mark Taylor (izquierda), Will Cadham (derecha).

Nuestro viaje a Iron Pass comenzó en Whistler, Columbia Británica, a las 9:30 a. m. del primer sábado de septiembre de 2021, cuando junto a Mark Taylor y David Kenworthy comenzamos el viaje de 3,5 horas hacia el norte hasta el Parque Provincial de South Chilcotin Mountains (SCMPP por su sigla en inglés).

Los senderos del SCMPP y el adyacente Parque Provincial Big Creek (BCPP) son bien conocidos por los ciclistas de montaña y para esto hay una buena razón: En conjunto, ambos parques abarcan una de las redes contiguas de sederos alpinos y subalpinos más grandes de América del Norte, construida sobre la base de antiguos senderos utilizados por las naciones St’át’imc, Tŝilhqot’in y Secwépemc y popularizados por los mineros de la fiebre del oro de Cariboo en la década de 1860. La red se extiende por más de 289 kilómetros a través de un áreas natural con enormes montañas, lagos glaciares y una extensa vida silvestre, que incluye cabras montesas, alces, borregos cimarrones y más de 220 osos grizzly.

La mayoría de los mountain bikers acceden a la red de senderos de SCMPP y BCPP a través de un servicio de taxi en hidroavión operado por Tyax Adventures, que deja a los ciclistas en los lagos Spruce, Warner o Lorna. Los senderos que conectan sus diversas operaciones de travesías de montaña son los más populares y los que están mejor mantenidos.

El limitado presupuesto de mantenimiento del servicio de parques provinciales de British Columbia se traduce en que el resto de los senderos son atendidos en gran medida por voluntarios y que las condiciones pueden variar mucho de un año a otro. Nosotros no íbamos usar un hidroavión para acceder y, dado que habíamos seleccionado senderos menos frecuentados a propósito, el estado de buena parte de nuestra ruta era en gran parte desconocido.

Pero no nos importaba. El propósito de nuestro viaje era una inmersión total en el lugar, seis días y cinco noches de exploración completamente impulsada por humanos en las regiones más profundas y remotas de los dos parques. Sin otro destino que el campamento de cada noche, nuestros días estuvieron dedicados al mountain bike.

Primero, sin embargo, teníamos que llegar.

Día uno – 4 de septiembre de 2021

Originalmente habíamos planeado el viaje para fines de octubre, pero una inusualmente fría tormenta de agosto cubrió temporalmente gran parte del parque con la primera nevada del invierno y nos obligó a lidiar con la organización un mes antes de lo previsto. Lo último que queríamos era pasar seis días pedaleando —o más probablemente, caminando— en nuestras bicicletas a través de la nieve.

Después de navegar por el infame camino del Hurley River Forest Service Road, dejamos nuestro vehículo de salida —la camioneta de Mark, cargada con una hielera de celebración cuidadosamente curada— en un polvoriento camino secundario cerca del lago Tyaughton, justo bajo el final de nuestro viaje cinco días después. Luego nos subimos a mi venerable Ford F-150 de 1995 y continuamos por la ruta de servicio por otros 24 kilómetros hasta el punto de partida.

Llegamos a nuestro primer día con las piernas frescas, lo que era una buena noticia por varias razones: 1) Nuestras bicicletas estaban cargadas con más de 18 kilos de equipo más otros 13 que llevábamos en la espalda, y 2) solo un kilómetro y medio más o menos del Little Paradise Creek Trail —nuestra primera sección singletrack en el parque— estaba lo suficientemente despejada como para pedalear.

Una tontería ultraligera

Ciclistas: Mark Taylor (izquierda), Will Cadham (derecha).

Una tontería ultraligera

De los nueve kilómetros que pasamos en el sendero, seis resultaron ser un absoluto infierno de espesos alisos y barro profundo. Rápidamente nos encontramos navegando nuestras bicicletas y 31 kilos de equipo a través de una maleza salvaje y senderos erosionados por el agua, todo esto mientras tratábamos de seguir unos fragmentos de senderos casi inexistentes. Ciclista: Mark Taylor.

El trabajo demandó mucho más tiempo y esfuerzo de lo que esperábamos, pero la emoción de nuestro primer descenso por un singletrack fue suficiente como para aliviar todo lo que nos aquejaba, haciendo que cada giro y cada rodada se sintiera más gratificante que el anterior. A pesar de tener que armar el campamento en la oscuridad, un festín de chili liofilizado casero nos dejó más que satisfechos.

Día dos – 5 de septiembre de 2021

Tras pasar incontables horas estudiando mapas y los dos fines de semana anteriores explorando senderos, además de sostener conversaciones con varios lugareños de Bridge River, nos sentimos optimistas, casi seguros, de que habíamos dado con una ruta que priorizaba los descensos en singletracks de alta calidad y minimizaba las laboriosas caminatas empujando bicicletas por las que las Chilcotins son penosamente conocidas.

De todos modos dejamos algunas cosas a la fortuna. Dos de los seis días estuvieron dedicados al concepto de “aventura” y nuestras posibilidades de completar cualquiera de los dos se basaban nada más que en conjeturas y una buena dosis de optimismo delirante.

El segundo día fue uno de esos y la ruta resultó, sin duda, ambiciosa: casi 3.000 metros de desnivel a lo largo de 61 kilómetros, incluidos múltiples pasos de montaña.

Una tontería ultraligera

Mientras sufríamos en Deer Pass Trail, el primer sendero del día, lo que partió como un optimismo delirante comenzó a sentirse más como un imposible ingenuo. El sendero arenoso y erosionado fue de poca ayuda, lo que nos obligó a empujar nuestras cargadísimas bicicletas hacia arriba mientras reflexionábamos sobre los muchos kilómetros por delante. ciclista: Will Cadham.

Una tontería ultraligera

Desde Warner Pass, en el borde de SCMPP, podíamos mirar hacia el oeste por el drenaje de Honduras Creek y ver las Montañas de la Costa: su silueta helada y dentada contrasta notablemente con las ondulaciones alpinas del Chilcotin Plateau en las áreas orientales del parque. El paso también marcaba el punto medio de la ruta del día… punto al que deberíamos haber llegado horas antes, teniendo en cuenta que ya llevábamos más de la mitad del día pedaleando. Ciclistas: Will Cadham (izquierda), Mark Taylor (derecha).

Una tontería ultraligera

Si pasas suficiente tiempo al aire libre con tus amigos, eventualmente te encontrarás haciendo algo que no había planeado. Después de más de 10 horas sobre el sillín y con más de 48 kilómetros detrás de nosotros, llegamos al final de Lorna Pass y encendimos nuestras luces… solo faltaban 7 kilómetros. Ciclistas: Will Cadham (izquierda), Mark Taylor (derecha).

Día tres – 6 de septiembre de 2021

Si el tema del día anterior fue el optimismo delirante, el del tercer día fue una exploración desconocida. El sendero de Graveyard Creek conduce a algunas de las regiones montañosas más septentrionales del BCPP, un área que ninguno de nosotros había explorado antes pero que en el mapa parecía prometedora. Nos había dejado atrapados entre la emoción y la incertidumbre: podría ser demasiado grande y apenas manejable, o podría ser de clase mundial.

Una tontería ultraligera

Después de llegar al campamento mucho después del anochecer y tras una cena silenciosa a altas horas de la noche, seguida de una desafortunada irritación intestinal, fue fácil dormir hasta el amanecer de la mañana siguiente. Pero las temperaturas bajo cero hicieron que salir de nuestros sacos de dormir fuera todo un desafío. Esto también nos dio una razón para repasar la ruta del día mientras esperábamos que las cosas se calentaran (y que nuestras bicicletas y el equipo se descongelaran). Ciclistas: Will Cadham (izquierda), Mark Taylor (derecha).

Una tontería ultraligera

Como no habíamos explorado los tramos más septentrionales del BCPP, nos dejamos caer en Graveyard Creek Trail nerviosos y con ansiedad por lo que encontraríamos. Ciclistas: Mark Taylor (izquierda), Will Cadham (derecha).

Una tontería ultraligera

El Valle del Cementerio es tierra sagrada para las naciones Tŝilhqot’in (Chilcotin) y St’át’imc (Lillooet), que libraron allí guerras tribales durante cientos de años. La última batalla data de fines de los 1800, pero todavía hay numerosas tumbas marcadas y otras sin marcar esparcidas por el valle. Las dos naciones se reconciliaron oficialmente en 2003 y ahora una placa conmemorativa marca el lugar del descanso eterno de los guerreros caídos. Ciclistas: Mark Taylor (izquierda), Will Cadham (derecha).

Una tontería ultraligera

Los escarabajos de la corteza del pino devastaron el bosque a lo largo de la segunda mitad del sendero de Graveyard Creek y de verdad le agradecimos a quienquiera que haya cortado y movido los cientos de árboles caídos de nuestro camino. La excelente visibilidad y las curvas rápidas nos ofrecieron un pedaleo increíble, incluso teniendo que esquivar algunos tocones con cicatrices producto del fuego. Ciclistas: Mark Taylor (izquierda), Will Cadham (derecha).

Una tontería ultraligera

Estaba demasiado oscura la noche anterior como para verlo, pero los cielos despejados revelaron unas vistas impresionantes de Tyaughton Peak y los glaciares cercanos en Mount Warner, los que nutren Lorna Lake y Big Creek. Ciclistas: Will Cadham (izquierda), Mark Taylor (derecha).

Una tontería ultraligera

Dependiendo de la época del año, y del clima, los numerosos cruces de arroyos a lo largo de Big Creek Trail —y de ambos parques en general— pueden variar desde llegarte a los tobillos a ser extremadamente peligrosos. Afortunadamente, ninguno fue demasiado terrible como para que Mark y el resto de nosotros los atravesáramos (o trepáramos) en nuestro camino hacia el campamento de esa noche en Grant Creek. Ciclista: Mark Taylor.

Día cuatro – 7 de septiembre de 2021

Por lo general, cuando llevas tu bicicleta a la espalda por más de una hora, el premio es un descenso increíble, que se vuelve más agradable aún gracias a la inversión en sudor que se necesitó para llegar hasta ahí. El ascenso sobre Dorrie Ridge, sin embargo, no ofreció tal recompensa en gravedad.

Habíamos estado buscando una manera de unir el sendero de Grant Creek con Lorna Lake y decidimos seguir una ruta de montañistas sobre Dorrie Ridge para bajar por el drenaje de Sluice Creek, con la esperanza de encontrar algún tipo de sendero. En su lugar encontramos un acarreo y pasamos casi dos horas caminando con nuestras bicicletas, todavía muy pesadas, colgando de los hombros.

A veces tu ganas. A veces caminas.

Una tontería ultraligera

Ciclistas: Mark Taylor (izquierda), Will Cadham (derecha).

Día cinco – 8 de septiembre de 2021

Un buen par de calcetines impermeables es una pieza clave del equipo cuando se pasa varios días en la montaña, pero cuando llueve durante 36 horas seguidas, incluso las botas impermeables no podrán mantener los pies secos. Sin embargo, el día no comenzó con una tormenta. Comenzó cruzando un arroyo y con un esfuerzo que terminó sobre Elbow Pass. La lluvia llegó unas horas después.

Una tontería ultraligera

Nunca he sido un fanático de las alturas o de la natación, por lo que hacer equilibrio por un árbol caído sobre Grant Creek fue mi parte menos favorita del trayecto matutino el quinto día. Ciclista: Will Cadham.

Una tontería ultraligera

Todos estábamos empapados para cuando llegamos a nuestro campamento en Spruce Lake, lo que nos obligó a exprimir la humedad del día antes de meternos en la cama. Nuestros esfuerzos fueron inútiles… la lluvia torrencial y las gélidas temperaturas de esa noche y del día siguiente no fueron el regalo de despedida que esperábamos. Ciclista: Mark Taylor.

Día seis – 9 de septiembre de 2021

Después de una semana en las montañas, tiene sentido que hayamos experimentado un espeluznante encuentro con un oso grizzly en nuestro último día. Habíamos visto evidencias suyas durante todo el viaje: huellas en el barro, excrementos frescos y el brillo de los ojos reflejando nuestras linternas frontales en la oscuridad. Pero cuando salimos del campamento en nuestra última mañana, todavía no habíamos visto un oso grizzly propiamente tal.

Ocurrió mientras ascendíamos por el lado oeste de Windy Pass. El oso estaba bebiendo de un arroyo y no debe haberme oído acercarme. Tal vez el correr del agua ahogó mis roncos “¡Oye, oso!”, ya que mis cuerdas vocales estaban demasiado agotadas como para alcanzar mucho volumen. Cualquiera sea la causa, no nos advertimos hasta que estuvimos incómodamente cerca, a menos de 15 metros, ante lo cual el oso inmediatamente se paró sobre sus patas traseras y comenzó a olisquear el aire. Tenía más de dos metros de alto y el tamaño de un automóvil compacto.

Me congelé por un instante, luego grité y reuní la poca energía que me quedaba para levantar mi bicicleta sobre mi cabeza. Retrocediendo lentamente, mantuve mis ojos fijos en la magnífica bestia y no parpadeé hasta que estuve nuevamente “a salvo” entre los árboles y fuera de su vista… momento en el que me apuré a bajar el paso por donde había llegado para reunirme con los otros más abajo.

Adoptando el enfoque de “seguridad por cantidad”, Dave, Mark y yo, flanqueados por un grupo de extraños que habíamos congregado mientras esperábamos a que el oso se fuera, regresamos a la línea donde terminan los árboles. El grizzly, sin embargo, ya no se veía por ninguna parte.

Una tontería ultraligera

El sendero de High Trail es uno de los más conocidos en las South Chilcotins y es especialmente impresionante durante el otoño, cuando los vibrantes prados amarillos y rojos contrastan con las coníferas de color verde oscuro. Jinetes: Mark Taylor (izquierda), Will Cadham (derecha).

Una tontería ultraligera

Habiendo consumido las 14 barras de chocolate que empacó para el viaje y aún a horas de la camioneta, Mark me persiguió por North Cinnabar Trail suplicando un bocado de mi reserva de Snickers para emergencias. Ciclistas: Mark Taylor (izquierda), Will Cadham (derecha)

Cuando llegamos a la camioneta de Mark en ese polvoriento camino secundario a lo largo de Tyaughton Lake Road, no habíamos completado ningún FKT, ninguno de esos desafíos del Everest y, definitivamente, no estábamos preocupados por contar calorías. Sin embargo, habíamos logrado lo que nos habíamos propuesto: atravesar uno de los lugares más impresionantes del continente para andar en mountain bike… y finalmente llegar a nuestra hielera de donas y cerveza, una recompensa digna para una semana de tonterías ultraligeras.


Cosas que siempre deberías hacer en el territorio de los osos:

  • Viaja por los senderos mantenidos y respeta los cierres de senderos.
  • Haz ruido a medida que avanzas y con frecuencia, para evitar sorprender a un oso.
  • Mantén la vista en el sendero que tienes por delante para detectar un oso lo antes posible, especialmente al descender.
  • Viaja con otras personas cada vez que puedas.
  • No dejes paquetes o bolsas que contengan alimentos sin vigilancia, ni siquiera por unos minutos.
  • Nunca intentes distraer a un oso dejando caer tu mochila (o cualquier otra cosa).
  • Lleva contigo spray para osos y asegúrate de saber cómo usarlo en una emergencia.
  • Si te encuentras con un oso grizzly a poca distancia, mantén la calma, nunca huyas y evita los movimientos bruscos. Ten confianza, hazte grande y retrocede lentamente.
  • Lee más sobre las mejores prácticas aquí.

Fuente: Servicio de Parques Nacionales de los Estados Unidos

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