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¿Cuál es el futuro de las represas en un mundo tan caótico y caliente?

Steven Hawley  /  octubre 22, 2023  /  Lectura de 5 Minutos  /  Activism

Extracto del libro de Steven Hawley sobre las sucias represas y problema con el metano

Represa y embalse de Iron Gate en el río Klamath, emisora de metano, un potente gas de efecto invernadero. Cabe destacar el brillante matiz verdoso del agua, señal de una peligrosa proliferación de algas. Tierras ancestrales de la nación indígena Shasta, del río Klamath. Foto: EcoFlight.

Todas las represas tienen un problema: resulta que son importantes emisoras de un gas de efecto invernadero que, a corto plazo, es mucho más potente que el dióxido de carbono. A finales de 2021 el metano se llevó toda la atención en la COP26, la conferencia de las Naciones Unidas celebrada en Glasgow, Escocia, en la que se reunieron las potencias mundiales para discutir acerca del cambio climático. El metano es un gas incoloro e inodoro generado en procesos naturales —como las flatulencias de las vacas y la descomposición de las plantas acuáticas— y también en la actividad industrial. La producción y el consumo de combustibles fósiles genera grandes cantidades de metano. A diferencia del dióxido de carbono, que persistirá en la atmósfera por siglos, este se disipa con relativa rapidez pero genera mucho más daño mientras está presente. Según la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos (EPA), en el transcurso de un siglo dicho gas es 25 veces más potente que el dióxido de carbono en la captura del calor atmosférico, y en un periodo de 20 años es 80 veces más efectivo que este último en la retención del calor. Los compromisos por reducir las emisiones de metano a nivel mundial se convirtieron en uno de los logros más destacados de la COP26 y para cumplirlos se exigirá un escrutinio distinto tanto de las represas existentes como de las que se planea construir, además de al menos cierto conocimiento de una rama de la ecología que va en rápido crecimiento: la limnología, es decir, el estudio de las propiedades biológicas, químicas y físicas del agua.

A principios de la década de 1990 un pequeño grupo de científicos en Brasil comenzó a medir las emisiones de gases de efecto invernadero generadas en represas y embalses. El equipo, liderado por Philip Fearnside, obtuvo resultados sorprendentes que indicaban que los grandes proyectos hidroeléctricos en los países tropicales emitían altos niveles de gases de efecto invernadero, sobre todo metano.

En el año 2000, Vincent St. Louis, Carol Kelly, Éric Duchemin, John W. M. Rudd y David M. Rosenberg publicaron un artículo en la revista BioScience que explicaba cómo los embalses contribuyen a la emisión de gases de efecto invernadero. Los cinco científicos proporcionaron información relacionada con embalses en Brasil, Canadá, Finlandia, Panamá, Guayana Francesa y el norte de los Estados Unidos, y solicitaron que las emisiones provenientes de estos se incluyeran en los inventarios de gases de efecto invernadero antropogénicos.

En 2008, Fearnside publicó un artículo en la revista académica Oecologia Australis,titulado “Hydroelectric Dams as ‘Methane Factories’: The Role of Reservoirs in Tropical Forest Areas as Sources of Greenhouse Gases” (Represas hidroeléctricas: el rol de los embalses en zonas selváticas tropicales como fuente de gases de efecto invernadero). En dicho escrito, el científico presentó pruebas fehacientes de que algunos proyectos hidroeléctricos a gran escala en locaciones tropicales liberaban emisiones de gases de efecto invernadero equivalentes a las de las grandes centrales eléctricas de carbón. Casi al mismo tiempo, otros científicos alrededor del mundo publicaron nuevos estudios que apoyaban las conclusiones a las que Fearnside y sus colegas habían llegado.

Durante los últimos 20 años los estudios internacionales relacionados con las represas y sus embalses confirmaron, a través de docenas de artículos de investigación avalados por expertos, que estas contribuyen de forma directa al cambio climático.

¿Cuál es el futuro de las represas en un mundo tan caótico y caliente?

Edificada durante la depresión a costos muy bajos, la creación de la represa Hoover impulsó a las que se convertirían en las mayores empresas constructoras de los Estados Unidos. Tierras ancestrales de los Paiute del Sur, Nevada. Foto: Carol M. Highsmith.

En 2016, el impacto climático de las grandes represas se hizo aún más evidente cuando un equipo internacional de científicos sintetizó docenas de estudios de alrededor del globo e indicó que las emisiones de metano provenientes de represas y embalses habían sido en gran parte ignoradas y subestimadas. Su artículo se publicó en BioScience,bajo el título “Greenhouse Gas Emissions from Reservoir Water Surfaces: A New Global Synthesis” (Emisiones de gases de efecto invernadero generadas por los embalses: una nueva síntesis global) y estuvo financiado por el Cuerpo de Ingenieros del Ejército de los Estados Unidos, la EPA y la Fundación Nacional de Ciencias. Dicho escrito se convirtió en noticia a nivel internacional; en él se recomendaba al Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) revisar sus cálculos e incluir a las potentes emisiones generadas por las represas y embalses en los escenarios relacionados con el cambio climático.

En esta destacada “síntesis global” también se proporcionó un inventario de casi 270 represas en todo el mundo y la cantidad estimada de emisiones de metano generadas por cada una de ellas. La de Glen Canyon, la de Hoover y los embalses de Powell y Mead estaban todos incluidos en la lista. En el caso del embalse de Powell, este emite aproximadamente el equivalente a 228,8 kilogramos de dióxido de carbono por megavatio hora de electricidad producida, mientras que el de Mead libera el equivalente a 1.079 kilogramos por megavatio hora. A modo de comparación, una central eléctrica de gas de tamaño promedio emite 407 kilogramos de gases de efecto invernadero por megavatio hora. Según un informe oficial del Glen Canyon Institute, de 2010 a 2014 la represa de Glen Canyon produjo una media anual de 4,08 millones de megavatios hora. Saquemos cuentas: multiplicado por el estimado de emisiones de metano mencionado en el estudio de 2016, la energía hidroeléctrica limpia y ecológica proveniente del embalse de Powell genera el equivalente a 933 millones de kilogramos del gas de efecto invernadero, dióxido de carbono, en la forma de metano, lo que a su vez es igual al impacto climático generado por 205.000 vehículos en circulación al mismo tiempo.

Exige a la EPA que incluya a las represas y embalses en la categoría de fuente en su Programa de Informe de Gases de Efecto Invernadero

Liderada por Patagonia, Earthjustice y Save the Colorado River, una coalición de 136 agrupaciones solicitó a la EPA incluir a las represas y embalses estadounidenses en la lista de fuentes del Programa de Informe de Gases de Efecto Invernadero. En la actualidad, más de 8.000 entidades —incluyendo instalaciones energéticas y proveedores de combustible y gas— están obligadas a reportar la cantidad de emisiones que producen al año. Sin embargo, las centrales hidroeléctricas no deben hacerlo, por lo que las represas y embalses que emiten metano, dióxido de carbono y óxido nitroso, todos perjudiciales para el medioambiente, han estado a salvo del escrutinio público.

Incluir este tipo de instalaciones en el Programa de Informe de Gases de Efecto Invernadero de la EPA es un paso fundamental para hacer frente a la emergencia climática y cumplir con los objetivos de la administración de Biden en relación con las emisiones de metano.

Lee la petición completa y únete al movimiento.

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