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Professional orienteer and wilderness advocate Hanny Allston runs near one of the entry points to the takayna / Tarkine region. Photo: Mikey Schaefer
Professional orienteer and wilderness advocate Hanny Allston runs near one of the entry points to the takayna / Tarkine region. Photo: Mikey Schaefer

El camino: ¿Por qué creamos y seguimos nuestros senderos?

By Meaghen Brown   |   Sep 7, 2017 September 7, 2017

Todo comienza con el haz focal de una linterna. El amanecer está a más de una hora y llueve a cántaros. Las manos bien protegidas dentro de las mangas y el paso ya apurado a través de la tupida vegetación tasmana, todo para mantener el calor. Hay una urgencia por entender este territorio amenazado, de conocer takayna / Tarkine tan íntimamente como sea posible mientras su futuro es aún una interrogante, de saber cómo se sentiría la ausencia si es que desaparece.

Australia es un lugar que obliga a viajes de larga distancia, y las especies que viven aquí han evolucionado para hacerlo bien. Se ha registrado canguros viajando 322 kilómetros en menos de 10 horas. Ellos guardan grasa en sus colas para utilizarla cuando los recursos escasean. El demonio de tasmania puede cubrir 29 kilómetros en solo una noche buscando comida.

Este movimiento perpetuo de especies crea un sistema de senderos que ha quedado tanto física como históricamente grabado en el paisaje terrestre. Científicos en Terranova están estudiando registros fósiles de senderos animales de más de 565 millones de años, que se cree pueden ser evidencia de la más temprana forma de locomoción.

Los humanos, también, escriben sus patrones en el paisaje.

Los aborígenes australianos creen que el mundo se creó con cantos y es así que contiene un sistema de senderos en el suelo, que llaman líneas de canciones, que se aprenden a través de la repetición de palabras. Al repetir estas canciones en el orden correcto, es posible atravesar grandes distancias a través del continente sin nunca haber conocido el camino. Como ha escrito el autor Robert Moor en su libro En Los Senderos (On Trails), “La tierra crece para contener no solo recursos, también historias”.

Hay líneas de canciones a lo largo de takayna / Tarkine y una historia antigua resuena a través del paisaje. En este sendero, ella se siente y se aprende con cada paso.

takayna / Tarkine contains Australia’s largest remaining single tract of temperate rainforest. Photo: Mikey Schaefer

takayna / Tarkine contiene al mayor tramo de bosque lluvioso templado que va quedando. Foto: Mikey Schaefer

¿Qué es este impulso de cubrir grandes distancias?

Los biólogos te van a decir que la decisión individual de moverse responde, primero, a las necesidades inmediatas de comida, escape, sexo y aprendizaje, no necesariamente en ese orden. Desde el caribú a la golondrina ártica, algunas especies aspiran a ir más lejos, ya sea para encontrar pareja o simplemente para ver qué hay más allá de la siguiente cadena montañosa. ¿Por qué ciertas especies se mueven en patrones familiares?

Mientras más familiar el patrón, menos energía se gasta en la búsqueda de estos recursos. Y la habilidad de moverse solo incrementa las probabilidades de éxito. De acuerdo al escritor Bruce Chatwin, un salmón conoce el sabor de su río ancestral y los pájaros que vuelan en la noche pueden determinar el contorno del suelo al hacer rebotar su canto en la tierra y captar el eco cuando sube. Esta familiaridad es la conexión que se traspasa por generaciones.

Los aborígenes australianos no son los únicos que tienen esta intrincada relación con el paisaje y el movimiento. Los Cherokee una vez eligieron guías dentro de sus tribus a los que se les encomendó encontrar los mejores senderos a través del paisaje. Los Blackfeet realizaron viajes sagrados desde Canadá a México por la “columna vertebral del mundo”, lo que en tiempos modernos se ha llamado la División Continental. Los monjes budistas Tendai aún corren 1.000 maratones en 1.000 días alrededor del monte Hiei para alcanzar la sabiduría. Estos son los viajes que se extienden más allá de las necesidades básicas a una conexión espiritual y metafórica con el movimiento y la tierra.

Meaghen Brown pilots her way through the takayna / Tarkine wilderness in Tasmania. Photo: Mikey Schaefer

Meaghen Brown navega el camino a través del terreno salvaje de takayna / Tarkine en Tasmania. Foto: Mikey Schaefer

Ya han pasado varias horas. La lluvia se detuvo y el sol de inicios de primavera se siente tibio al contacto con la piel. Algunas sanguijuelas, recogidas en alguna parte del camino, se mantienen aferradas. Los senderos de takayna / Tarkine todavía están en riesgo. Pero la realidad suspendida de este lugar se extiende mucho más allá de la pausa para recobrar el aire y del regreso a casa.

Moverse a través de un paisaje es la mejor forma de conocer un lugar. Y conocer ese paisaje, enamorarse de él, solo intensifica el deseo de protegerlo.

 Esta historia apareció originalmente en el Catálogo de Verano 2018 de Patagonia.

takayna

takayna / Tarkine, en el noroeste de Tasmania, es el hogar de uno de los últimos tramos intactos de bosque lluvioso ancestral en el mundo, y una de las mayores concentraciones de arqueología aborigen en el hemisferio sur. Sin embrago, este lugar está actualmente amenazado por la explotación forestal y minera. Nuestra nueva película, takayna, enlaza las narrativas de activistas, un médico trail runner y la comunidad aborigen, para develar las complejidades del conservacionismo moderno y desafiarnos a considerar la importancia de nuestros últimos lugares verdaderamente salvajes.

 Patagonia se ha asociado con la Fundación Bob Brown y la comunidad aborigen, y juntas están llamando al gobierno Tasmano a nominar a Tarkine para recibir protección como Patrimonio Mundial.

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