The Cleanest Line


Caught by the heavy winds of a fast-moving South Pacific squall, Liz Clark heads to the mast to put another reef in Swell’s sail. Photo: Tahui Tufaimea
Caught by the heavy winds of a fast-moving South Pacific squall, Liz Clark heads to the mast to put another reef in Swell’s sail. Photo: Tahui Tufaimea

Alto voltaje

By Liz Clark   |   Feb 19, 2019 February 19, 2019

Tras una hora de sueño, me despierto con el sonido de gruesas gotas de agua azotando la cubierta. El ruido escala hasta convertirse en un torrente ensordecedor, por lo que me levanto del sofá y subo las escaleras. Echando un vistazo a la pantalla del radar mientras subo, veo un frente enorme que oscurecía completamente un radio de 12 kilómetros en la pantalla.

“¿Esto es normal?” pregunta Jake.

“Mmmm, no se ve bien”, murmullo, estudiando los destellos de los relámpagos en el horizonte a todo nuestro alrededor. Recientemente había escuchado de una pareja cuyo bote se había hundido bajo ellos en solo minutos luego de que el impacto de un rayo hiciera un agujero en el casco. Solo espero que la placa de tierra funcione.

Parece que se acerca a nosotros por todos los flancos. Trato de dirigirnos hacia donde el radar muestra un pequeño claro en la tormenta, pero mis esfuerzos son en vano. Las velas cuelgan flácidas por los arremolinados vientos convectivos.

“¡No toques nada de metal!” advierto, mientras los rayos están cada vez más cerca. Los truenos retumban dominantes al tiempo que las blancas garras de los relámpagos derriban todo a nuestro alrededor, iluminando nuestra horrorosa realidad. Me agacho con pánico para desconectar las radios, mis dedos tiemblan mientras saco los cables a tirones.

“Entonces, ¿esta es tu idea de algo divertido?”, pregunta Jake espantado. Nos acurrucamos, evitando tocar cualquier cosa metálica, disminuidos e impotentes frente al cielo iracundo. Mi cuerpo se tensa con cada destello de luz, esperando el tronar ensordecedor que le sigue. La mandíbula apretada, mis uñas se clavan más profundo en mis pantorrillas con los retumbos cada vez más incomprensiblemente poderosos.

“Esto es malo”, susurro.

“Bueno, si es una señal de lo que viene, el gecko que tenías de mascota acaba de abandonar el barco” reporta Jake con los ojos desorbitados. Pone su brazo con fuerza a mi alrededor. Mi lado ferozmente independiente no quiere su apoyo, pero hasta aquí podríamos llegar, ¡lo acepto! Los agónicos minutos parecen detenerse hasta que tres rayos parten el cielo justo arriba de nosotros.

¡CRACK! Una y otra vez.

El estruendo golpea nuestros pechos con una fuerza visceral. El tercer rayo alcanza el agua a no más de un bote de distancia, explotando en una torre de agua salvaje engalanada con todo el espectro del arcoíris. El radar se va a negro y el navegador muestra un signo de interrogación al que le sigue una pantalla en blanco.

Mis gemidos reflejan terror mientras aprieto a Jake. Silenciosas lágrimas corren por mi cara. Nunca me he sentido tan humilde frente al poder de la naturaleza. Estoy preparada para un golpe directo, pero el siguiente rayo azota más al norte. Nos sentamos en silencio por un buen rato mientras la tormenta empieza a desvanecerse.

“¿Estás OK, capitán?”

“Cambié de opinión” digo. “Creo que quiero una cerca blanca y un golden retriever.”

Esta historia es un extracto del nuevo libro de la Capitana Liz Clark, Swell: A Sailing Surfer’s Voyage of Awakening. En esta memoria, Liz captura su viaje con fascinante detalle, compartiendo historias de navegación mar adentro, de soledad y sorpresas, de encontrar conexión con la tierra y compromiso de vivir en armonía con ella.

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